
Infinidad de personas le dan la prioridad a buscar ocupar un púlpito para considerar que tienen un ministerio en la congregación. Olvidan que discipular es un gran servicio que se presta al servicio de Dios.
Permítame citar al apóstol Pablo:
"Timoteo, mi querido hijo, sé fuerte por medio de la gracia que Dios te da en Cristo Jesús. Me has oído enseñar verdades, que han sido confirmadas por muchos testigos confiables. Ahora enseña estas verdades a otras personas dignas de confianza que estén capacitadas para transmitirlas a otros." (2 Timoteo 2: 1, 2 | NTV)
La Biblia nos enseña a hablar a otros acerca de Cristo. Y aunque compartir el evangelio es una gran bendición, nuestra responsabilidad no termina allí.
También debemos acompañar y animar a los nuevos creyentes.
Piense en quienes han invertido en usted a lo largo de los años, ayudándole a conocer a Jesucristo y a crecer en su fe (Proverbios 27.17).
¿Dónde estaría usted sin su amor?
Este tipo de inversión se llama discipulado, y es tanto un honor como un privilegio.
Como cristianos, podemos compartir el evangelio y acompañar a otros en su crecimiento espiritual.
Lo hacemos compartiendo lo que Dios nos ha enseñado por medio de su Palabra y de nuestra experiencia:
Pasar tiempo con Dios. Eso nos mantiene en sintonía con su Espíritu.
Estar preparados con un plan. Los nuevos creyentes necesitan practicar los fundamentos de la vida cristiana: leer la Biblia, orar y encontrar una comunidad donde crecer en la fe.
Compartir lo que implica seguir a Cristo. Saber qué esperar les dará confianza a medida que maduran espiritualmente.
Todos enfrentamos luchas al aprender los fundamentos de la vida en Cristo. Por eso necesitamos hermanos que nos brinden consejo y ánimo para avanzar en el camino de la fe (1 Tesalonicenses 5:11).
Millares de personas necesitan que usted les hable de Jesús el Señor.
¿Ya se acogió a la GRACIA de Dios?
No podría despedirme sin antes invitarle para que se acoja a la GRACIA de Dios.
La GRACIA es la expresión del amor de Dios que no quiere nuestra perdición y por ese mismo amor, envió a Jesús su Hijo para que ocupara nuestro lugar en la cruz y, allí en el Gólgota, trajo perdón de nuestros pecados y nos aseguró la vida eterna.
La GRACIA divina está disponible para todos nosotros. Para usted, para mí, para todos.
Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y mg., en teología. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial. @RevistaVidaFamiliar
