¿Qué beneficios se obtienen de decidirnos a emprender el camino del cambio y del crecimiento personal, espiritual y familiar? Buena pregunta. Y, por supuesto, tiene muchas respuestas. Nos enfocaremos en las principales.

Podemos corregir equívocos en nuestra relación con el cónyuge, los hijos, padres, hermanos y demás familiares a los que, quizá, con nuestra actitud, hemos ofendido y dañado emocionalmente.
Nuestro mundo interior alcanza un nivel de tranquilidad y sosiego, el que quizá no teníamos porque el pasado de pecado nos acusaba y se convertía en un impedimento para dar pasos hacia la transformación que siempre hemos anhelado.
Y, por supuesto, nuestra relación con Dios entra en un nuevo escenario. Lo reconocemos como ese Padre amoroso que nos ayuda en el proceso. No estamos solos. Nos guía en cada nuevo paso y nos fortalece para que el cambio sea real y permanente.
La clave es decidirnos y, en segundo lugar, perseverar.
¿Por qué perseverar?
Porque justamente por la falta de persistencia, muchos vuelven atrás. Olvidamos que Dios está con nosotros siempre y nos ayuda.
Permítame acudir a una historia real. Ocurrió en Chicago (Estados Unidos) el 8 de octubre de 1871 y solo pudo ser controlado dos días después. Literalmente las llamas acabaron con todo.
El fuego produjo grandes pérdidas. Destruyó 9 kilómetros de la ciudad. La tragedia dejó un saldo de 300 personas muertas y 100 mil residentes de la urbe quedaron sin vivienda.
El incendio se inició en un suburbio al sudeste del centro de la ciudad. La conjunción de un largo período de sequía acompañado por clima cálido y con vientos, la predominancia de construcciones de madera en toda la ciudad, permitieron el desarrollo del descomunal incendio.

Al ver sus negocios reducidos a cenizas, los negociantes decidieron abandonar Chicago. De los empresarios, sólo uno se quedó: Marshall Field (1834-1906)
En medio de las ruinas decidió construir uno de los comercios más grandes del país y a fe que lo logró.
Tres elementos de su vida, que aplican a nosotros hoy, fueron fundamentales: Pensar que no todo estaba perdido, la decisión de reemprender el camino y la perseverancia.

Puede que usted haya cometido muchos errores. Muchos. Ese cúmulo de pecados lo persigue a todas partes. Sin embargo, le tengo buenas noticias: A usted, a mí, a todos, Dios nos extiende Su GRACIA.
En la Palabra leemos:
“Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos.” (2 Corintios 5: 15 | NTV)
Por GRACIA recibimos perdón de pecados en respuesta a un sincero arrepentimiento y la oportunidad de emprender una nueva vida.
Aunque merecíamos la muerte por nuestra maldad, nuestro Salvador Jesucristo tomó nuestro lugar en la cruz y, con su sangre preciosa, lavó nuestros pecados.
Nos presentó santos y justos delante del Padre celestial.
Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y mg., en teología. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial. @RevistaVidaFamiliar
