No estamos solos. Ni hoy ni nunca. Dios viene en nuestra ayuda con poder, cuando clamamos a Él. Oye nuestro clamor, de eso no nos debe caber la menor duda.

Permítame ilustrarlo con una historia.
La historia de Ana Laura, una madre en Guadalupe, Nuevo León (México), es sorprendente. No tenía con qué alimentar a sus hijas y llamó al 911. No tenía dinero,
Lo que parecía una llamada de emergencia común se convirtió en un testimonio de solidaridad: los agentes acudieron a su hogar, le entregaron una despensa y 500 pesos, canalizaron su caso y muchas personas se sumaron para tenderle la mano.
La historia, se lo repito, es sorprendente.
Ana Laura no llamó para denunciar un delito ni para reportar un accidente.
Llamó porque había llegado al límite. No sabía a quién más acudir. Y en ese momento de desesperación, alguien respondió.
Alguien escuchó.
Alguien fue a su casa y le tendió la mano.

Ana Laura recibió ayuda ante la solicitud que hizo al 911.
¡Cuántas veces nos encontramos en esa misma situación! No necesariamente sin comida en la mesa, pero sí sin fuerzas, sin respuestas, sin saber hacia dónde ir. Y en medio de esa impotencia, surge la pregunta: ¿a quién puedo recurrir?
La historia de Ana Laura nos recuerda una verdad que a veces olvidamos: Dios viene en nuestra ayuda cuando se lo pedimos.
Él no espera a que tengamos todo resuelto, ni a que seamos dignos de su favor. Él responde porque es un Padre que cuida de sus hijos.
“Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.” — Salmo 55:22 (RVR1960)
Este versículo es una invitación directa: echa sobre Él tu carga.
No la cargues solo.
No esperes a tener la solución antes de orar.
Dios no nos ayuda porque lo merezcamos, sino por su infinita GRACIA. Esa GRACIA que no se compra, no se gana y no se merece; se recibe con humildad. Y aun cuando nos sentimos indignos, Él sigue teniendo cuidado de nosotros.
Ana Laura llamó al 911 sin saber qué pasaría. Nosotros también podemos “llamar” a Dios en oración, aun cuando sintamos que no tenemos derecho a pedir nada. Él no nos rechaza. Al contrario, se acerca, provee y sostiene.
Nos quedan unos interrogantes a los que debemos responder, después de un análisis cuidadoso y honesto de nuestra situación: ¿Qué “carga” está intentando llevar solo hoy? ¿Ha dejado de orar porque siente que no mereces la ayuda de Dios?
Recuerde: Él no le ayuda por sus méritos, sino por su GRACIA y porque tiene cuidado de usted.
Oración
Señor, hoy vengo a Ti como Ana Laura: sin fuerzas y sin saber a quién más acudir. Gracias porque no me rechazas, porque me ayudas no por lo que merezco, sino por tu infinita gracia y porque tienes cuidado de mí. Enséñame a echar sobre Ti mis cargas y a confiar en tu provisión. En el nombre de Jesús, amén.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y mg., en teología. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial. @RevistaVidaFamiliar
