Caía la tarde en Jerusalén y la brisa suave proveniente del mar, en la distancia, refrescaba el ambiente. Pedro y Juan iban de camino al templo a orar. Un principio asumido en sus vidas, al que permanecían fieles,

Su rutina cotidiana fue interrumpida por un hombre que, desde su nacimiento, no podía caminar. Se les acercó para pedirles limosna.

"Los apóstoles lo miraron fijamente. ― ¡Míranos! —le dijo Pedro. El lisiado los miró con ansiedad, esperando recibir una limosna. ―No tengo dinero que darte —continuó Pedro—. Pero te daré lo que tengo. ¡En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina! Entonces Pedro lo tomó de la mano y lo levantó. Al instante, los pies y los tobillos se le fortalecieron a tal grado que se levantó de un salto y comenzó a andar. Más tarde, entró al templo con ellos, saltando y alabando a Dios." (Hechos 3:4-8 | NBV)

La noticia cundió rápidamente en la ciudad y, ante la amenaza que representaba para los religiosos de la época, fueron llevados ante la presencia de los principales sacerdotes como lo describe Hechos 4: 13-22.

Debían responder por sanar al paralítico.

Aquí cabe un paréntesis: Dios utiliza con poder a aquellos que se disponen para Él. A quienes rinden su vida, talentos y habilidades para servir al Padre en Su obra de extensión del Reino.

Al interrogarlos, las autoridades esperaban una defensa torpe de unos galileos incultos, pero encontraron una claridad y un valor difíciles de explicar. Entonces reconocieron que, “habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).

Esa pequeña observación contiene una gran verdad.

Lo que distinguía a Pedro y Juan no eran sus credenciales ni sus capacidades naturales, sino su cercanía con Cristo.

Habían caminado con Él, escuchado, sido corregidos, amados y enviados por Él. Y eso se notaba.

A veces imaginamos que la vida cristiana consiste en volvernos impresionantes para Dios. Pero la Biblia muestra algo diferente: el Señor no busca un currículo perfecto, sino personas dispuestas a acercarse a Él y ser transformadas.

Como los discípulos, pescadores y un recaudador de impuestos que no eran notables según los estándares del mundo.

Cualquiera que sea su condición, pasar tiempo con el Señor Jesús nunca es un desperdicio. Con el tiempo, otros podrán reconocer con Quién ha estado.

Y debemos añadir algo más: Dios utiliza con poder a quienes se rinden a Él. No importa que usted no tenga las credenciales teológicas y estudios que otros pueden mostrar.

No es un asunto de pergaminos ni de credenciales, sino de dependencia del Padre, de Su poder.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y mg., en teología. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial. @RevistaVidaFamiliar

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