Es lamentable, pero real. Sin embargo, nos resulta difícil de aceptar. Conforme las cosas van bien, nos distanciamos de Dios. No es algo inmediato, sino progresivo. Poco a poco.

Cuando caemos en cuenta, estamos tan lejos del Padre como quien emprende un nado hacia el mar abierto y pronto se da cuenta que está muy lejano de la playa.

Suele ocurrir que, sin darnos cuenta, nos alejamos de Dios.

Lejos del lugar seguro.

El teólogo. Ignacio Larrañaga (1928-2013), lo expresó sabiamente cuando escribió:

“Cuando mayor va siendo la dispersión interior, no faltarán nuevos motivos para abandonar el trato con Dios… Comienza a declinar el hombre de Dios en la medida en que crece la dificultad para “estar satisfactoriamente” con el Señor. Es ahí cuando hemos entrado en un espiral muy peligroso…”

Quizá usted conoce muchos casos de hombres y mujeres, algunos cercanos a usted, que se alejaron de Dios y experimentaron las consecuencias.

Crisis a nivel personal, espiritual y familiar.

Es previsible.

Es hora de volvernos a Dios. Tome la decisión apropiada.

Quien nos aterriza para caminar apropiadamente en una sociedad sin valores y principios como la nuestra, es el Señor. Nos alienta en períodos de crisis. Nos muestra la salida del laberinto. Camina con nosotros.

La decisión de que el panorama ensombrecido cambie, está en nuestras manos. Es una decisión.

¿En qué consiste? En volvernos al Señor.

En la antigüedad el profeta Zacarias escribió:

“Diles, pues: “Así dice el Señor de los ejércitos: ‘Vuélvanse a Mí’, declara el Señor de los ejércitos, ‘y Yo me volveré a ustedes’, dice el Señor de los ejércitos” (Zacarías 1:3 | NBLA)

Una invitación poderosa y transformadora. El comienzo del cambio y del crecimiento, el origen de una nueva vida, la salida de la sucesión de problemas estriba en volvernos al Señor nuestro Hacedor.

Decídase.

Acójase a la GRACIA que nos transforma. Esa GRACIA que borra nuestra maldad por la obra del Señor Jesús en la cruz, quien tomó nuestro lugar en el Gólgota y con su sangre preciosa, nos limpia de todos los pecados.

Hay perdón ilimitado en Dios en respuesta a un sincero arrepentimiento.

Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.

ORACIÓN

Señor y Dios nuestro, reconozco que poco a poco me he ido alejando de Ti; hoy decido volverme a Ti con todo mi corazón. Gracias por tu gracia, tu perdón y tu promesa de recibirme; guíame de nuevo por tu camino. Amén.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y mg., en teología. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial. @RevistaVidaFamiliar

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