La frase es clave y contundente. Se le atribuye a Epicteto, el filósofo griego (55-135 d.C.). Llevan a vivir en equilibrio, sin apegos, teniendo claro que no podemos amargarnos por aquello que no depender de nosotros.

Permítame le comparto el postulado:

Hay cosas que están bajo nuestro control y otras que no lo están. Bajo nuestro control se hallan las opiniones, las preferencias, los deseos, las aversiones y, en una palabra, todo lo que es inherente a nuestras acciones. Fuera de nuestro control está el cuerpo, las riquezas, la reputación, las autoridades y, en una palabra, todo lo que no es inherente a nuestras acciones.”

Está en el inicio del Enchiridion, uno de los textos centrales del estoicismo. Su idea es simple pero profunda: hay una línea divisoria en la vida entre dos territorios.

  1. Lo que depende de mí: mis juicios, mis deseos, mis actitudes, cómo respondo.

  2. Lo que no depende de mí: mi salud, mi dinero, lo que otros piensen de mí, las circunstancias externas, incluso mi propio cuerpo.

Para Epicteto, la paz interior nace de invertir toda nuestra energía en lo primero y soltar lo segundo, porque aferrarnos a lo que no controlamos solo produce ansiedad y frustración.

Por supuesto, el estoicismo y el cristianismo no coinciden en lo mismo —el estoico busca autosuficiencia interior (autarquía), mientras que el cristiano no busca autosuficiencia, sino entrega—, pero hay un puente muy fértil entre ambos:

  • No luchar contra lo incontrolable, sino entregarlo. Donde el estoico dice "esto no depende de mí, así que no me perturbo", el cristiano puede decir algo aún más profundo: "esto no depende de mí, así que lo pongo en las manos de Aquel que sí tiene el control". No es resignación fría, es confianza activa.

  • Lo único verdaderamente mío es mi corazón y mi respuesta. Job lo perdió todo —bienes, salud, hijos, reputación— y su lucha no fue por recuperar el control de las circunstancias, sino por sostener su actitud del corazón ante Dios en medio de ellas.

  • Soltar no es indiferencia, es fe. El cristiano no se desentiende de las circunstancias adversas como si no importaran; las entrega porque cree que hay Alguien más grande sosteniéndolas. Esa es la diferencia entre resignación estoica y rendición confiada.

Cuando sentimos que la situación, la que sea, es insostenible, debemos rendirla en manos de Dios:

"Echa sobre el Señor tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo." (Salmos 55:22)

Y el apóstol Pedro nos aconseja:

"Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros." (1 Pedro 5:6-7)

Los dos textos bíblicos están de acuerdo con lo Epicteto señalaba, pero con un destinatario: no soltamos las circunstancias al vacío, las soltamos en Alguien. Y ese alguien es Dios. Ese es quizás el paso más importante que la fe añade a esta sabiduría antigua: aprender a soltar no para no sentir nada, sino para descansar en quien sí tiene el control.

Hay un tema del que no podemos desligarnos.

Me refiero a la GRACIA de Dios. GRACIA es perdón de nuestros pecados para emprender una nueva vida y, además, la oportunidad de cambiar y crecer como siempre hemos anhelado.

Por amor, el Señor Jesús ocupó nuestro lugar en la cruz. Con su sangre preciosa, vertida en la cruz, lavó nuestra maldad y nos presentó santos y justos delante del Padre celestial.

Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

La Misión Edificando Familias Sólidas es un ministerio cristiano orientado a la provisión de herramientas y contenidos para el crecimiento personal, espiritual y familiar de los lectores.

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