
Meursault, el protagonista de la novela "El Extranjero" estaba convencido de ser buena persona. Y, desde su perspectiva, merecía lo mejor de la vida. No tenía sentido que estuviera en una cárcel, aunque había cometido un asesinato.
Si usted estuviera tomándose un café con él, en cualquier establecimiento de Francia o Argelia, le diría: “Soy buena persona”
La mayoría de las personas piensan igual.
Se consideran demasiado buenos en una sociedad sin principios ni valores. Por eso motivo, consideran que no necesitan a Dios en su existencia.
Tremendo equívoco.
Siempre necesitamos de nuestro amado Hacedor. Y, también, debemos experimentar cambio y crecimiento. Dejar de lado una vida pecaminosa. Arrepentirnos y emprender una nueva vida.

No es por ser “buena persona” que tenemos entrada a la Presencia del Padre. Absolutamente no, sino por GRACIA.
El apóstol Pablo se lo explicó a los creyentes de Éfeso, en el primer siglo, y a nosotros hoy:
Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. (Efesios 2:8, 9 | NTV)
La salvación viene por GRACIA, es decir, un regalo inmerecido.
¿Por qué?
Por la maldad que acumulamos durante años y en la cual aún nos movemos. Por ese cúmulo de pecados, merecíamos la muerte eterna. Sin embargo, el Señor Jesús ocupó nuestro lugar en el Calvario.
Esa es una expresión de la GRACIA divina.
Con su sangre preciosa lavó nuestra maldad del ayer y de hoy y nos presentó santos y justos delante del Padre celestial.
Nos aseguró, desde la cruz, perdón y vida eterna.
¿Y por qué ser buenos y seguir cambiando?
Por amor al Padre que nos extendió Su GRACIA. Esa es la razón fundamental. No hay otra.
Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.
Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Dirige el Instituto Bíblico Ministerial y, actualmente, es editor de la Revista Vida Familiar.
