Y ahora, ¿quién le devuelve la honra al gringo?

Ocurre en Colombia, donde las informaciones se difunden sin verificar y en la que, noticieros de radio, prensa y televisión, todavía se dejan arrastrar por el amarillismo.

UNA LUZ DE ESPERANZA. La pareja buscó por mucho tiempo la manera de adoptar un hijo ya que, por la vía natural, no podían. Y les hablaron de Colombia, no como el paraíso de Pablo Escobar, sino como el país con una rica biodiversidad, gente alegre, música, comida sabrosa y algo más: la posibilidad que pudieran acoger en su seno familiar a un niño.

--¿Y por qué no lo intentamos? —dijo la mujer mientras tomaban el desayuno.

--No sé…

--Podemos hacerlo—insistió ella.

--De acuerdo. —El esposo estaba dubitativo, pero decidido.

Un diálogo alrededor de una mesa, una mañana calurosa, en una vivienda en tierra norteamericana, en Texas para ser más específicos.

Ese fue el origen, el génesis de un proceso que, finalmente, los llevó a trasladarse a Bogotá. Rentaron un apartamento en el barrio Chicó Navarra, en Usaquén.

El turista estadounidense llegó al Aeropuerto internacional El Dorado, el 6 de junio.

Hasta allí, todo bien. Pero lo que inicialmente pensaron sería un proceso de adopción de un niño, se amplió. ¿Y por qué no dos? ¿Y si son tres? Bueno, miremos.

Ese es el escenario en el que, en un balcón, el futuro padre fue grabado con un niño de siete años, al que sacudía con fuerza.

A PRIMERA VISTA. Dicen que fue una vecina la que vio la escena. Llamó a otra persona. Luego fueron tres. Y alguien que graba con el celular.

A primera vista, desde esa distancia, el depredador estaba abusando del menor. Un hombre fornido, joven, que luego se verificó tiene 36 años. Depredador, una forma de decirlo, porque en los registros de televisión fueron muy duros. Utilizaron términos como “depravado, degenerado, violador”

En el lugar estaban, también, un menor de cuatro años y una adolescente de quince años que chapurriaba el inglés. Lo básico.

Alrededor del apartamento, no una, ni dos, sino casi medio centenar de personas que procuraban entrar para lincharlo.

Palabras de grueso calibre, golpes fuertes en la puerta, alguien que dijo: “¿Están bien?”. Se dirigían a los menores de edad.

Finalmente, una patrulla y otra. Los agentes de policía entraron al lugar. El gringo, aterrado. Desconcierto por todas partes. La adolescente, llorando. Nadie entendía nada.

Afuera, gritos.

Querían linchar al hombre.

Y en medio de un bullicio sin precedentes en el barrio, lo sacaron escoltado. Querían molerlo a golpes. La policía lo evitó.

UN ESCÁNDALO NACIONAL. De la mano con la captura del norteamericano, la intervención del ICBF. Los pequeños fueron llevados al médico, donde el forense.

Expectativa.

Los habitantes de Usaquén, en Bogotá, preguntando por la suerte del violador.

Se la van a aplicar toda. Por lo menos 30 años”, comentó la dueña de la tienda de la esquina.

No le vi bien la cara, pero tenía pinta de degenerado”, comentó alguien que fue a comprar una gaseosa tamaño litro.

Seguro estaba haciendo turismo sexual, infame”, sentenció el vigilante de la cuadra.

El caso se había tornado viral.

Fue titular en los noticieros, en la radio, en medios digitales.

“Capturado presunto violador en el nororiente de Bogotá”, tituló un medio televisivo. Una nota de cerca de dos minutos acompañadas de imágenes estremecedoras. Una turba que quería lincharlo, el hombre eludiendo golpes y la policía alrededor.

La noticia le dio la vuelta al mundo. Al fin y al cabo, se trataba de un gringo sorprendido en tierra colombiana. Peligroso depredador, comentarían algunos.

DICTAMEN MÉDICO. Horas después el Instituto de Medicina Legal se pronunció. Según el dictamen preliminar, no se encontraron indicios de maltrato ni abuso sexual en los tres menores que fueron hallados en el apartamento.

Los atendieron en el Hospital Simón Bolívar. Además de los facultativos, una psicóloga que los interrogó una y otra vez, procurando obtener detalles del hecho.

El centro médico que atendió a los niños emitió una conclusión similar, mientras la investigación continúa en manos de la Fiscalía.

Desde la Procuraduría General de la Nación, condenaron de manera enfática el presunto abuso sexual y solicitaron la intervención inmediata de la Fiscalía General de la Nación y Migración Colombia “con el fin de garantizar la protección integral de los niños, adelantar las investigaciones correspondientes y verificar el restablecimiento de sus derechos”.

TREMENDO CHASCO. Pero nada de lo que parecía a primera vista, era real. Ocurría algo diferente a una violación. Por el contrario, el gringo pretendía salvar al menor que presentaba un atoramiento por un juguete.

Esa es la razón por la que lo sacudía con fuerza.

No para abusarlo, sino para salvarlo.

Astrid Cáceres, directora del ICBF

La directora del ICBF, Astrid Cáceres, aseguró en entrevista a un medio televisivo que en el caso no hubo violencia sexual física, basado en exámenes y entrevistas con el menor.

Se verificó y los menores no fueron abusados”, dijo enfáticamente.

La funcionaria dijo los menores estaban en un proceso de adopción con Instituciones Autorizadas para adelantar el programa de adopciones (IAPS) 

¿Y el gringo? Berraco, como es natural. Ofendido. Incluso, amenazó con demandar.

HASTA PETRO INTERVINO. Sin duda, el incidente tomaba ribetes internacionales. Incluso, el presidente Gustavo Petro se pronunció.

Afirmó que los indicios conocidos hasta el momento apuntarían a que el ciudadano extranjero no habría cometido abuso sexual. “Lo saco al balcón por un atoramiento.”, dijo.

Una cagada, y de las grandes”, dijo alguien que, reconoció, se aceleraron en el barrio.

A todos les tocó recular, comenzando por la Procuraduría General de la Nación que salió al paso, algunos dicen que para ganar protagonismo.

La directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Astrid Cáceres, hizo un llamado a la prudencia frente al caso de presunto abuso sexual en contra de un menor de edad en el norte de Bogotá por parte de un ciudadano norteamericano.

Agradezco nuevamente la indignación frente a una válida preocupación ciudadana por un presunto abuso, la alerta siempre es buena, hemos comunicado lo que va de avance y lo seguiremos haciendo”, manifestó la funcionaria.

Pero, por supuesto, no podía ocultar que era una embarrada. Una cagada, diría el filósofo de Vijes. Y de las grandes, anotaría el vecino de la tienda.

La directora del ICBF admitió que el proceso de adopción de los menores cumple requisitos. Es decir, es legal.

El proceso de adopción en Colombia se desarrollan bajo estrictos estándares legales, técnicos y judiciales orientados a garantizar el derecho de los niños, niñas y adolescentes a crecer en una familia cuando no es posible su permanencia en su entorno de origen”, explicó.

LA COMUNIDAD, ARREPENTIDA. Después de que le robaron la honra al gringo, que los familiares de él allá en Texas dijeron “jamás me imaginé que pudiera hacer algo así”, resulta que era inocente.

Siempre lo fue.

Y bien intencionado.

El norteamericano y su esposa, avanzan en el proceso. Todo apunta a que la adopción se materializará.

Pero en el ambiente una pregunta: ¿Quién le devolverá la honra al gringo?

Nadie.

Aunque le hagan manifestaciones de desagravio, quedó como un depredador. Es lo que prevalece en el imaginario popular.

Y la conclusión obligada: Es lo que ocurre en Colombia, donde las informaciones se difunden sin verificar y en la que, noticieros de radio, prensa y televisión, todavía se dejan arrastrar por el amarillismo…

Fernando Alexis Jiménez es periodista. Publica la columna Crónicas de Macondo en medios impresos y digitales. @CrónicasdeMacondo